lunes, 2 de marzo de 2009

BEATRIZ RUSSO EN ESMIRNA


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Hola a todos:

El pasado 20 de febrero nos visitó Beatriz Russo, a quien agradecemos muchísmo que se haya pasado por Esmirna.

Creemos que poco podemos añadir sobre Beatriz Russo que no se haya dicho ya, salvo que si su segundo libro resulta hipnótico y apabullante, y tuvo una gran acogida entre los lectores, los poemas inéditos que leyó del tercero, que tiene en preparación, nos llegaron incluso más...

Lo dejamos ahí para generar la expectación que se merece la obra de la autora, a quién le deseamos lo mejor en esta tercera entrega.

Os esperamos en la próxima.

Equipo Esmirna.



Ésta es mi prisión delicada.
No me salvéis.
Aquí yacerá la que pudo haber sido Ophelia.
Inventadme un epitafio que se oculte bajo el musgo.
Que nadie incinere mi cuerpo.
Tengo algo que evocar.

Besé su boca,
la bocca baciata de Fanny Cornforth
y sentí el margen de una moneda trasquilando la infancia de las veloces manos del raso.
¿Prostituta o costurera?
En la vertiente que hay en el sino están en juego las cartas de la sangre.
Llegaron al mundo las mujeres a tejer su desdicha en los telares de la miseria.
Los trapos del hambre amontonándose en las trincheras sin aire.
El anonimato de las abejas harapientas.
Y también llegaron mujeres a los telares de la delicia.
La sabia contienda de unas manos cansadas de su precariedad.
El ruido de la rueca no ensordecía el cuerpo de las otras hilanderas de la noche.
Escribieron sus nombres proscritos en una coroza de papel secante y fueron señaladas por los dedos de las esposas impolutas.
¿Prostituta o costurera?
No hay mayor masturbación que la del halago, mayor deleite que la hermosura en estos tiempos de vanagloria.
Cantad todos la pandemia de los burdeles.
Que se abran las puertas de la moderna Babilonia.
"¿Quién fue la bella Laura Bell?
The queen of whoredom
¿Quién kate Cook, Emma Crouch y Cora Pearl?
Toutes elles demi prochaines"
Pero cantad también la pandemia de las fábricas.

Que se abran las puertas de la moderna Etiopía.
¿Quién veneró a las otras artesanas de la noche?
Pocos conocen el castigo de las míseras costureras.
El baile elíptico de las agujas trazaba hondas muescas en sus dedos.
En las oscuras salas de una fábrica gemía el hilo de las futuras ciegas.
Y temblaban después sus cuerpos apuntalados en los rincones ebrios.
Otras muescas hay en sus dedos.
Muescas del dolor de un útero enfermo bajo los dientes de las embarazadas.
Los clavos de cristo en el pubis de las esposas rotas.
Murieron en la fosa común de la historia, en el estrecho nicho de la conciencia.
Murieron con la lenta eutanasia de las mártires,
muertas veteranas del ejército de muertas,
muertas de hambre en las calles de polvo y niebla.
Anónimas muertas.

Por eso besé su boca,
la bocca baciata de Fanny Cornforth,
y fui su boca en el instante en que sus dedos la tocaban.
Le mie labbra,
la sangre de un arcángel voluptuoso,
mi boca besada a la intemperie de unas alas que parpadean como los crónicos ojos del mundo.
Cayeron sobre mi rostro las plumas de la luna.
Se oyó la voz temprana de Boccaccio
"Bocca baciata non perde ventura.
Anzi rinnova come fa la luna"
La mia bocca,
la boca de todas las bocas deshechas en el reloj de piedras.
Barre tu pincel los guijarros que aún pesan sobre mis labios levantando el polvo esparcido de las lavandas.
No se equivocó el poeta,
sus besos eran de nieve inexperta,
y sin embargo,
su lengua el frugal tributo de las vírgenes ensangrentadas.

(La prisión delicada, Calambur, 2004)